viernes, 29 de junio de 2012


Los Indígenas del Tipnis indignados por el luto de una bebe.

Fuente: El Deber / Kevin Tapia

Había sido un regalo de Navidad para Marcia y Rosauro. Una niña morena, sanita, había nacido el 23 de diciembre en Santa María del Tipnis y le pusieron nombre de gitana: Karen Yesenia Fabricano Gutiérrez. Ahora, su cuerpo pequeño está envuelto en una bandera de patujú. Marcia y Rosauro lloran a su lado y no quieren creer que su lucha para defender el Tipnis les haya pedido un sacrificio tan grande.
Karen Yesenia tenía solo cuatro meses cuando la marcha salió de Trinidad y Marcia estaba contenta porque era uno de los pocos bebés de la columna que se había mantenido sanito. El miércoles, en la ‘heladera’ de Urujara, la niña despertó tosiendo por el frío y Marcia corrió al consultorio móvil a hacerla ver. Le dijeron que era un resfriado y le dieron un jarabe. Ella insistió en que la veía mal, pero el diagnóstico del médico no cambió. 

Marcia cargó a la niña en los 11 kilómetros que recorrió la columna hasta llegar a La Paz y en la esquina de la Ingavi y Yanacocha, el gas pimienta lanzado por los policías que sirvieron de muro para que la marcha no ingrese a la plaza Murillo, inundó los pulmones de su bebé. Marcia y Rosauro la sacaron de ahí.
Para Mayra Palacios, la única médica que acompañó a la marcha en los 62 días de peregrinaje a La Paz, el gas pimienta pudo producir una inflamación en la garganta y los pulmones de Karen Yesenia que, asociado al resfrío que tenía, le hizo cada vez más difícil respirar.
En el coliseo de la Universidad Mayor de San Andrés, Marcia acomodó a Karen Yesenia a su lado, junto a Josué, su hijo de dos años, que también la acompaña. Rosauro decidió quedarse con ellos y no bajar a la vigilia en la plaza San Francisco. Le preocupaba que la bebé ya no quería chupar la teta de Marcia y lloraba todo el tiempo, peleaba por respirar.
La abrigaron bien y Karen Yesenia se durmió, pero a las cinco de la mañana despertó llorando. Marcia creyó que era hambre, la tomó en sus brazos y comenzó a amamantarla. Karen alcanzó a agarrar el dedo índice de Marcia mientras tomaba leche, pero, con la nariz tapada, trataba de tragar el líquido blanco al mismo tiempo que metía aire a sus pulmones por la boca. La leche inundó su garganta y sus pulmones y la bebé comenzó a pelear por su vida.

Alarmados, Marcia y Rosauro pidieron ayuda a Bertha Bejarano, presidenta de la marcha, y pronto consiguieron una vagoneta que trasladó a los tres hasta el hospital de Niños. La vida se le agotó en el camino. Cuando llegaron al hospital, Bertha corrió de una oficina a otra gritando por ayuda. A Karen Yesenia la echaron sobre una camilla y, cuando la pediatra bajó, les dijo que ya no había nada que hacer, que estaba muerta. Marcia rompió en llanto y se alejó. Solo escuchaba los reclamos de la médica que recriminaba a Bejarano por qué habían traído niños a la marcha.

El cuerpo de la bebé fue devuelto al coliseo acompañado de un formulario que certificaba su muerte por broncoaspiración, pero la columna de la marcha tenía otra idea. Todos culpaban a Evo Morales y recordaban que esto se pudo evitar si el presidente accedía a dialogar en cualquiera de las cuatro convocatorias que había hecho la marcha.
Después, todas fueron lamentaciones. El cuerpo de Karen Yesenia comenzó a ser velado en el coliseo, hubo una misa, mucho llanto y reacciones tardías. Lo que hasta ayer había sido trabajo voluntario se convirtió en intervención institucional. Los médicos del hospital de Niños, con su batas blancas y guantes de látex inundaron el campamento revisando a todos los menores y descubrieron lo que ya se sabía: unos 30 pequeños están a un paso de la neumonía y casi 200 se encuentran resfriados, víctimas del frío, la lluvia y de la política.

Y los políticos comenzaron a rasgarse las vestiduras, a utilizar el cuerpo de Karen Yesenia como el centro de la disputa por el Tipnis. La ministra de Informaciones, Amanda Dávila, culpó a las madres por haber expuesto a los niños en la movilización, utilizándolos en una ‘guerra política’ contra el Gobierno. No fueron las madres, sino Rosauro, el padre de Karen Yesenia, el que le contestó. “Con quién quiere que dejemos a nuestros hijos. Somos pobres, no tenemos empleada. Además, mi hija era bebé, estaba chupando todavía y no podíamos dejarla. En Santa María se quedó María Roxana, que tiene siete años, pero nos trajimos a Josué y a Karen. Ahora esta marcha será un mal recuerdo. Tuvo que pasar esto con nosotros, tuvimos que dejar a nuestra hija acá pero ni así el Gobierno nos quiere atender. Yo voy a seguir luchando hasta lo último”, afirmó Rosauro.